El juego comenzó sin reglas. Solo sabía que perder no era una opción.
Las piezas se movían sin que él viera las manos. Pero sentía el pulso.
Puso todo en una sola jugada. No había vuelta atrás.
Ganó algo que no esperaba: la certeza de que el juego no había terminado.
Ahora él también movía las piezas.