Le dieron sangre nueva. No era solo biología. Era un nuevo linaje.
No todo lo que corre por sus venas lo eligió. Pero puede purificarlo.
Cada día, separa lo que viene de afuera de lo que es suyo.
La sangre purificada no olvida la herida. La transforma.
Ya no es hijo de lo que le dieron. Es hijo de lo que decidió ser.